Educación para la Salud y VIH/SIDA: una respuesta desde la participación comunitaria

Juan Agustin Moron Juan Agustín Morón Marchena

Universidad Pablo de Olavide, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Educación y Psicología Social.

e-mail: jamormar1@upo.es

 

Itahisa Perez, Global Education Magazine Itahisa Pérez-Pérez

Universidad Pablo de Olavide, Facultad de Ciencias Sociales, Departamento de Educación y Psicología Social.

e-mail: itahisaperez@gmail.com  / twitter: @Itahisa_perez

 

Resumen: En los últimos años están cobrando fuerza movimientos globales y locales sobre participación comunitaria. La implicación de la comunidad en pro del bienestar social y el progreso de la sociedad pueden tener éxito si se facilitan los cauces necesarios para ello. Con motivo del Día Mundial de la Salud, queremos reflexionar sobre aspectos claves del ámbito socioeducativo como es la educación y promoción de la salud así como la importancia de la participación comunitaria. Ésta última desarrolla la capacidad de las personas de trabajar en colaboración con los demás, de identificar prioridades y de lograr que las cosas se hagan y los proyectos se realicen. Estudios realizados por economistas, sociólogos y psicólogos, entre otros, han demostrado que las personas que participan en la toma de decisiones son más felices que los que se limitan a aceptar o aplicar decisiones de otros, debido a que se sienten responsables de la mejora de su calidad de vida. Diferentes instituciones e iniciativas están trabajando en la facilitación de la participación comunitaria desde la educación para la salud para lograr una intervención socioeducativa más íntegra, sobre todo en América Latina y el Caribe, donde se inició la educación popular y se desarrollan múltiples experiencias de animación sociocultural que, en definitiva, trabajan por un determinado modelo de cambio y transformación social.

Palabras clave: Educación para la salud, VIH/SIDA, promoción de la salud, participación comunitaria.

 

Health Education and HIV/AIDS: a response from community participation

 

Abstract: In recent years, global movements are gaining strength and local community participation. The involvement of the community for social welfare and progress of society can succeed if they provide the necessary means to do so. On the occasion of World Health Day, we reflect on key aspects of socio-educational as education and health promotion and the importance of community involvement. The latter develops the ability of people to work collaboratively with others, to identify priorities and to get things done and projects are carried out. Studies by economists, sociologists and psychologists, among others, have shown that people who participate in decision making are happier than those who simply accept or implement decisions of others, because they feel responsible for improving quality of life. Different institutions and initiatives are working on facilitating community participation from education to health to achieve a more complete educational intervention, especially in Latin America and the Caribbean, where popular education was initiated and developed multiple socio-cultural experiences that ultimately work for a particular model of social change and transformation.

Keywords: Health education, HIV/AIDS, health promotion, community involvement.

 

1.      Introducción

Tradicionalmente la salud se concebía como ausencia de enfermedad (carácter más negativo). No fue hasta 1948, año en el que se constituye la Organización Mundial de la Salud (OMS), cuando se incluyen palabras como “bienestar físico, mental y social”, incorporando así el sentido holístico, positivo y subjetivo de la salud.

Definiciones de salud podemos encontrar tantas como autores que se posicionan en ella. A continuación exponemos algunas de las definiciones de salud a partir de los siguientes modelos (Médicos del Mundo: 2010):

–       Modelo biomédico: la salud puede definirse como la ausencia de enfermedad o minusvalía: “la salud es la vida en el silencio de los órganos” (Leriche).

–       Modelo biopsicosocial: la salud se define como un estado de bienestar completo: físico, mental y social (OMS, 1946).

–       Modelo dinámico: con capacidad de adaptación permanente a nuestro entorno:

  • “La salud es el equilibrio y la armonía de todas las posibilidades de la persona humana (biológicas, psicológicas y sociales), lo que requiere, por un lado, la satisfacción de las necesidades fundamentales de las personas que son cualitativamente las mismas para todo ser humano y, por otro lado, una adaptación constantemente cuestionada de las personas a un entorno en constante mutación” (Carta de Ottawa).
  • “Estado físico y mental razonablemente libre de incomodidad y dolor, que permite a la persona en cuestión funcionar efectivamente por el más largo tiempo posible en el ambiente donde por azar o elección está ubicado” (René Dubos).

La Educación para la Salud (EpS) está estrechamente vinculada con el desarrollo humano ya que, hablar de desarrollo humano sostenible nos obliga a un esfuerzo globalizador y sistémico, que hermane en un mismo escenario a todos los pueblos del planeta y permita considerar las interrelaciones entre elementos y fenómenos muy variados que operan simultáneamente en contextos también diversos (Murga, 2004).

En este marco de desarrollo humano, la EpS cumpliría la función de facilitar a sus destinatarios la comprensión de la situación global, de las implicaciones económicas, sociales y de todo tipo que existen entre los seres humanos, de manera que, teniendo en cuenta la cultura de su propio contexto, reforzarán los valores, actitudes y hábitos alimenticios necesarios para su propia salud física individual pero también comunitaria y global.

Cualquier proceso educativo está inmerso en un entorno social, es decir, la sociedad en general y la comunidad en particular, son agentes educativos de gran importancia para la educación y, cómo no, para la educación para la salud (Hernando Sanz, 2004).

Para entender la importancia de este proceso educativo en el ámbito del VIH/SIDA y según datos de 2011 de ONUSIDA, 34 millones de personas viven con el VIH en el mundo, 2.5 millones de personas contrajeron la infección por el VIH y 1.7 millones de personas fallecieron a causa de enfermedades relacionadas con el SIDA.

Según el último informe presentado en 2012 con motivo del Día Mundial del SIDA, existen más del 50% de casos de nuevas infecciones por el VIH en 25 países, a tan sólo 1000 días para que los países deban haber cumplido los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

2.      ¿Educación para la Salud o Promoción de la Salud?

La salud es una necesidad básica de cualquier ciudadano, es más, la salud representa un indicador de gran relevancia en cuanto a índice de desarrollo humano y calidad de vida.

Sin embargo, y como ha incluido la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su definición cuando añade aspectos claves de la salud como “bienestar mental y social”, nos podemos hacer una idea de la gran relevancia y complejidad de dicho término.

Nuestro objeto de estudio, desde la investigación e intervención socioeducativa, es la educación en la salud desde una perspectiva pedagógica de la salud y la necesidad de un planteamiento amplio, de su visión social, “en el que están implicados todos los agentes sociales –el papel de la comunidad, de la ciudadanía,…- a la hora de abordar la salud (Morón Marchena, 1998).

La educación para la salud, según la OMS, es el conjunto de oportunidades de aprendizaje elaboradas conscientemente que suponen una forma de comunicación destinada a mejorar el conocimiento sobre la salud y promover el desarrollo de habilidades para la vida que pueden conducir tanto a la salud individual como colectiva. Es, por tanto, una actividad clave en todo programa de promoción de la salud.

En este sentido, promoción de la salud es, tal y como la define la Carta de Ottawa, “el proceso que otorga a las poblaciones los medios necesarios para garantizar un mayor control de su salud y mejorarla”.

Con objeto de establecer una cronología de la definición de educación para la salud, consultando distintas fuentes y autores, cabe distinguir dos etapas fundamentales en la evolución del concepto (Morón Marchena, 1998):

–       Etapa clásica: hasta la década de los setenta, en la que las acciones educativas se dirigen al sujeto con el objetivo de responsabilizarse de su propia salud, para conseguir la modificación de sus comportamientos en un sentido positivo.

–       Posteriormente, se incluye la consideración que las conductas de las personas también dependen de factores externos, de tipo ambiental y social, por lo que las acciones educativas deberían promover cambios en dichos ámbitos.

Según Calvo Fernández y otros (1996), los múltiples conceptos de EpS podrían representar las ideas de los diferentes profesionales y organismos nacionales e internacionales que están interesados en su estudio y desarrollo, aunque todas tienen como objetivo común a la modificación de los conocimientos, actitudes y comportamientos de los sujetos, hacia una salud positiva (Morón Marchena, 1997).

En ocasiones se confunden o mencionan indistintamente términos afines a la educación para la salud, como es la prevención o promoción de salud, entre otros. A continuación las definimos (Sáez, Marqués y Collel, 1995):

–       Prevenir: consiste en evitar, prever y preparar. En el caso concreto de las enfermedades, evitar que éstas se produzcan, prever que puedan producirse y preparar el terreno para que no se produzcan y para que, si se producen, se disponga de los medios para poder combatirlas. Cuando hablamos de prevenir, nos referimos a no tener que llegar a curar, lo cual es competencia de quien ejerce la medicina, ya sea a nivel individual o colectivo.

–       Promoción de la salud: tomó fuerzas a partir de su aparición en el Informe de la OMS en 1984, aunque habían existido diversos antecedentes donde la preocupación por el mantenimiento de patrones de vida sanos para el normal desarrollo de las personas, llevaron a los conceptos actuales de salud positiva y a la posterior aparición de actividades destinadas a desarrollar en la población hábitos de vida saludables y a capacitar a la gente a aumentar su control sobre la propia salud. De esta manera, la Carta de Ottawa para la promoción de la salud la definía como el “proceso de capacitación de las personas para aumentar el control sobre su salud y mejorarla” (OMS, 1986).

–       Educación para la Salud: según la manera que cada autor tenga de entender la educación y la salud, entenderá el término educación para la salud. No obstante, partimos de la idea de Sáez, Marqués y Collel (1995) que definir educación para la salud dependerá del ámbito en el que se realiza la actividad y otros independientemente del ámbito de actuación. Sin embargo, hay una definición muy clara de entender la EpS como “uno de los instrumentos que utiliza la promoción de la salud, y básicamente pretende facilitar los cambios de comportamiento hacia conductas más saludables y que eliminen factores de riesgo” (Morón Marchena, 1998).

En este sentido, la educación para la salud se centra en la educación de las personas a través de la adquisición activa de información basada en la evidencia, no a través de la transmisión vertical de dicha información; en el fomento de la motivación, para seguir conociendo y aplicar lo aprendido y, por último, la promoción y entrenamiento de las habilidades personales imprescindibles para adoptar medidas destinadas a mejorar la propia salud.

La EPS no aborda solo la información sobre condiciones sociales, económicas y ambientales, subyacentes que influyen en la salud, sino también la que se refiere a los factores y comportamientos de riesgo.

Para favorecer la prevención del VIH/SIDA se precisa acentuar el diálogo y el respeto de los derechos individuales (Jesu, 1994) porque mediante esa labor los individuos están más predispuestos a adoptar y mantener los comportamientos preventivos. Sin embargo, aún quedan muchas personas, incluso diríamos millones de personas, que no tienen información o están mal informadas sobre el VIH/SIDA y sus formas de transmisión.

En ocasiones se puede llegar a confundir o utilizar indistintamente la educación para la salud y la promoción de la salud sin tener muy claro sus diferencias. No obstante, esta diferencia carecería de sentido en cuanto que la educación para la salud es, funcionalmente, el mejor método de intervención que conocemos para promover la salud (promoción de la salud en cuanto a función de atención a la salud y la educación para la salud como categoría funcional y metodológica del proceso de enseñanza).

Con objeto de justificar la importancia de la educación para la salud, esbozamos algunas ideas relevantes:

–       No vale sólo con informar.

Por todos son conocidos los diferentes métodos tradicionales de intervención educativa que han ido fracasando, hemos visto que la sola información, que es necesaria, no vale por tener poca influencia en los cambios de actitudes preventivas. Las campañas preventivas, a veces incluso contraproducentes, tienen un problema importante debido a la publicidad que asocia alcohol y tabaco con imágenes atractivas, deporte, riesgo, evasión, seducción, etc.

–       Generador de cambios.

La EpS debería ser una disciplina que ponga orden a las diferentes caras que tiene el hecho de que las acciones del hombre aumentan o disminuyen la salud individual y colectiva, y cómo la educación conecta y genera cambios (Serrano González, 1997).

Podemos establecer tres estrategias básicas para la promoción de la salud que  se apoyan, a su vez, en cinco áreas de acción prioritarias, según la Carta de Ottawa, y que exponemos a modo de tabla:

 Tabla 1. Estrategias para la promoción de la salud y sus áreas prioritarias

Estrategias básicas Áreas de acción
  1. Abogacía por la salud. Su objeto es crear las condiciones sanitarias esenciales
Establecer una política pública saludable
Crear entornos que apoyen la salud
  1. Facilitar que todas las personas puedan desarrollar su completo potencial de salud
Fortalecer la acción comunitaria para la salud
  1. Mediar a favor de la salud entre los distintos intereses encontrados en la sociedad
Desarrollar las habilidades personales
Reorientar los servicios sanitarios

Fuente: elaboración propia (extraído de la Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud, 1986).

 

En 1997, con la aprobación de la Declaración de Yakarta sobre la manera de guiar la promoción de la salud hacia el siglo XXI, se ratifica que estas estrategias y áreas de acción son necesarias e imprescindibles para todos los países. En este sentido, añaden que “los enfoques globales para el desarrollo de la salud son los más eficaces. Los que utilizan combinaciones de estas cinco estrategias son más eficaces que los enfoques de una sola vía” (Glosario de Promoción de la Salud, 1998: 11). Por tanto, la participación se convierte en elemento clave y necesario para sostener los esfuerzos, convirtiéndose las personas en el centro de la acción.

En este sentido, la Declaración de Yakarta señala las cinco prioridades de cara a la promoción de la salud en el siglo XXI:

 Tabla 2. Las cinco prioridades de la Declaración de Yakarta

  1. Promover la responsabilidad social para la salud
  1. Incrementar las inversiones para el desarrollo de la salud
  1. Expandir la colaboración para la promoción de la salud
  1. Incrementar la capacidad de la comunidad y el empoderamiento de los individuos
  1. Garantizar una infraestructura para la promoción de la salud

Fuente: elaboración propia, extraído de la Declaración de Yakarta (1997).

 

Por tanto, el objetivo de la EpS es dar a la población los medios necesarios para que adopte comportamientos más favorables para su salud, aportándole los conocimientos necesarios, y se inserta así en el eje de adquisición de aptitudes individuales. Así, un aspecto fundamental para la continuidad de actividades de promoción de la salud, es que la comunidad sea consciente de los problemas, de sus propios problemas. Esta idea está muy relacionada con otro de nuestros focos de interés desde la investigación e intervención socioeducativa, como es la animación sociocultural y el desarrollo comunitario.

 

3.      Participación comunitaria y Animación Sociocultural

 Al hablar de educación y promoción de la salud ineludiblemente hacemos referencia a la participación. Para que la EpS sea efectiva no basta sólo con la transmisión de la información sino que es necesario también el fomento de la motivación, de las habilidades personales y la autoestima. Estas cualidades resultan obligatorias para adoptar medidas destinadas a mejorar la salud. Por tanto, la EpS incluye no sólo la información relativa a las condiciones sociales, económicas y ambientales subyacentes que influyen en la salud, sino que también responde a los factores y comportamientos de riesgo, además del uso de asistencia sanitaria.

Estos conceptos han ido evolucionando y modificándose con los años por lo que aspectos que promulgaba la Carta de Ottawa, y que abordamos anteriormente, como es la movilización social y la abogacía por la salud referidos a la educación para la salud, en la actualidad están incluidos en el concepto de “promoción de la salud”.

La salud en general, y más concretamente la EpS, se desarrolla en el ámbito comunitario. Aunque pueda limitarse a un espacio más concreto, ineludiblemente se relaciona o interrelaciona con el exterior.

Según Pérez-Pérez (2013), Lehay definía la comunidad como “el grupo de personas con ciertas características con intereses comunes y que viven dentro de una misma área, dentro de una sociedad mayor”.

Con objeto de ir contextualizando este concepto de comunidad, nos basamos en San Martín y Pastor (1984), cuando identifican los principales elementos a la hora de definir a la comunidad:

–       Los grupos de población organizados e interrelacionados.

–       La coexistencia en una zona o región geográfica bien delimitada.

–       Cierto grado de integración producido a través de experiencias comunes y comportamientos sociales similares.

–       Cierto grado de comunidad funcional económica.

–       Cierto grado de conciencia de unidad (étnica, cultural, social) local.

–       Cierto grado de unidad en la acción colectiva, particularmente en los grupos.

–       Existencia de instituciones sociales más o menos desarrolladas entre las que cuentan como localmente importantes la educación, salud, justicia, administración local, etc.

Asimismo, debemos identificar cuatro elementos fundamentales cuando hablamos de una comunidad, los cuales van a participar muy directamente en la acción comunitaria como son el territorio, la población, demanda y recursos (Marchioni, 1989 y Turabian, 1992, citado por Pérez-Pérez, 2013).

Según De Miguel (1997), la comunidad es un sistema relacional e interactivo, formado por distintos grupos, que son: las instituciones políticas, los servicios sociales, los centros educativos, los niños, los padres y madres, los centros de salud y los jóvenes. Además, subraya que “en una correcta educación para la salud deben intervenir todo y cada uno de los grupos de manera coordinada, ya que de lo contrario se conseguiría una actuación parcial y no globalizadora, que es lo que buscamos” (De Miguel, 1997: 267).

De esta manera, cualquier trabajo comunitario consiste en buscar e incidir de manera relacional, coordinada, puntos de encuentro y trabajo en común, tarea en la práctica nada fácil. Por ello, en el trabajo comunitario, uno de los objetivos es el cambio, al igual que ocurre con el desarrollo comunitario y la animación sociocultural, que persiguen un cambio social, pero partiendo de las necesidades y participación e implicación de los propios destinatarios.

En este marco de actuación, consideramos importante introducir el enfoque de la animación sociocultural (ASC) entendida como aquella metodología participativa, basada en la pedagogía no directiva, que implica dinamismo y desarrollo social. Su principal función es la movilización social basada en el grupo y/o comunidad, con el fin último de lograr un cambio o transformación social.

La ASC aspira a una visión política, a un modelo de sociedad donde pone los medios para caminar hacia su transformación estructural y, simultáneamente, desde un enfoque educativo, no busca lo anterior a través del cambio tecnoeconómico o la toma de poder, sino a través del perfeccionamiento de las personas y el cambio de sus mentalidades, valores, actitudes, en función de un determinado modelo de “hombre”. De esta manera, el Desarrollo Comunitario (DC) se centra en el lema de Paulo Freire “nadie enseña a nadie, todos aprendemos de todos, mediados por el mundo”.

Según Ander-Egg (1987), no se trata de una acción sobre la comunidad, sino una acción de la comunidad donde la población toma decisiones y asume las consecuencias. Supone una acción desde la comunidad, para la comunidad y con la comunidad. Por tanto, se trata de una metodología de trabajo desde la base, que pretende desarrollar las potencialidades del individuo, grupo y comunidades con el objetivo de mejorar sus condiciones de existencia.

En el caso del VIH/SIDA, en 2008 se publicó el informe “Participación del sector comunitario en VIH/SIDA de América Latina y Caribe en el proceso de monitoreo y evaluación en el logro de las metas de la Declaración de compromiso en VIH/SIDA” (LACASSO). En este informe, así como en la Declaración de Compromiso en VIH/SIDA y las Respuestas Nacionales a la epidemia de América Latina y Caribe “el sector comunitario organizado en VIH/SIDA, las organizaciones de personas que viven con el VIH/SIDA y poblaciones en situación de vulnerabilidad, han sido actores fundamentales en la prevención, atención, asistencia”.

Por otra parte, en dicho informe se recoge también la experiencia vivida en Bogotá (Colombia), donde líderes comunitarios se autodefinen como “comunidades afectadas directa o indirectamente por el VIH/SIDA, que se organizan en torno a necesidades y objetivos comunes ante la epidemia, con autonomía del gobierno, de las iglesias, del sector privado, de los partidos políticos, los sindicatos y las agencias de cooperación en el marco de los derechos humanos sexuales y reproductivos” (op.cit., p.4).

Este informe avala en gran medida, junto a las múltiples experiencias que podemos encontrar en el ámbito comunitario, la importancia de la participación de los agentes implicados en la prevención e intervención socioeducativa, y más concretamente, en el caso del VIH/SIDA.

Algunas de las conclusiones del citado informe avalan que “la respuesta comunitaria de América Latina y el Caribe sigue su proceso de consolidación y crecimiento. El desafío está en que los gobiernos y agencias internacionales acompañen sensiblemente este camino. Anteponiendo las necesidades de las comunidades, muchas veces interpretadas en iniciativas de las redes de ONGs y de PVVs, a las propias. Fomentando un diálogo directo, participativo y transparente” (op.cit., p.6).

4.      Conclusión

 La similitud del desarrollo comunitario con la educación y promoción de la salud es más que evidente ya que el DC lleva implícitas la promoción y movilización de recursos humanos, a través de un proceso educativo de toma de conciencia. Por tanto, la participación popular es el elemento fundamental en los programas de desarrollo de la comunidad.

Por ello cobra importancia la participación comunitaria en educación y promoción de la salud, además que otorga valor añadido al implicarse los miembros de la comunidad, los propios destinatarios en su proceso de aprendizaje.

La participación es un instrumento que puede y debe contribuir a elevar los niveles de salud de la población; de ahí que propuestas estratégicas tales como la promoción de la salud o la atención primaria de salud, dan un importante papel a la participación comunitaria.

Antes del uso del término “participación comunitaria” surgió el de “desarrollo comunitario en el tercer mundo”, empleado por los británicos para referirse al desarrollo de la educación básica y bienestar social en las Colonias (Morón Marchena, 1998).

Ya en 1997, la OMS promulga el Plan Salud para todos en el año 2000, estrategia que fijó como principal meta lograr para todos los ciudadanos del mundo, un grado de salud que permita llevar una vida social y económicamente productiva. Entre sus objetivos prioritarios, se encuentran:

–       La promoción de estilos de vida dirigidos a la salud.

–       La prevención de enfermedades presentes.

–       Establecer servicios de salud.

Por otra parte, la Carta de Ottawa marca las vías en las que debía basarse la promoción de la salud, donde destaca “participación de la comunidad”, como reforzamiento de la acción comunitaria. Los ciudadanos, a nivel individual y colectivo, deben implicarse de forma real y efectiva en la promoción de la salud. Participación que, además, debe estar presente en todos los niveles, incluso en la toma de decisiones.

En el caso del VIH/SIDA, uno de los aspectos claves para luchar contra esta epidemia es empoderar a la población, y concretamente a las mujeres, a través de la educación sobre el SIDA. Algunos datos corroboran la importancia de esta implicación y participación ya que, por ejemplo, en 18 de los 49 países de los cuales se poseen datos de tendencias, (por ejemplo: Camboya, Guyana, Namibia, Ruanda y Trinidad y Tobago) el conocimiento correcto e integral sobre VIH aumentó 10 puntos porcentuales o más entre mujeres de 15 a 24 años; ocurriendo lo mismo con hombres jóvenes de 8 a 16 países.

Con objeto de hilvanar los conceptos desarrollados en el presente artículo, concluimos que la participación comunitaria y educación para la salud son estrategias metodológicas en la promoción de la salud. Estas estrategias facilitan la difusión de mensajes culturalmente adaptados a las necesidades de los distintos colectivos, promoviendo comportamientos saludables que disminuyan la vulnerabilidad, aumenten la prevención, analizando críticamente los factores sociales, económicos y ambientales que influyen en la salud y desarrollen sus capacidades organizativas para conseguir cambios no sólo en sus comunidades sino en las políticas que repercuten en la salud y bienestar (Mazarrasa, Blázquez, Martínez, Castillo y Llacer, 2006).

En definitiva, se trata de una participación permanente, activa, consciente y mayoritaria de la ciudadanía para lograr un verdadero cambio o transformación social.

 

5.      Referencias bibliográficas

–  Ander-Egg, E. (1987). Política cultural a nivel municipal. Buenos Aires: Humanitas.

–  Calvo Fernández, J. R. et alt. (1996): “Educación para la Salud. Conceptos y Métodos”, en Macías, B. E. y Arocha, J. L.: Salud Pública y Educación para la Salud. Las Palmas: ICEPSS, 371-380.

– De Miguel Martín, E. (1997): “Características de los proyectos de EpS ligados a la comunidad”, en Serrano González, Mª I. (Coord.): La educación para la salud del siglo XXI: Comunicación y salud. Madrid: Díaz de Santos.

– Hernando Sanz, Mª A. (2004): “El entorno comunitario”, en Perea Quesada, R. (2004): Educación para la Salud. Reto de nuestro tiempo. Madrid: Díaz de Santos.

– Jesu, F. (Dir.) (1994). Droits de l´enfant et infection par le VIH. París: Institut de l´enfance et de la famille.

– Marquioni, M. (1989): Planificación social y organización de la comunidad. Madrid: Editorial Popular.

– Mazarrasa, Blázquez, Martínez, Castillo y Llacer (2006): Promoción de la salud en población inmigrante: participación comunitaria y educación entre iguales, en http://www.msc.es/ciudadanos/enfLesiones/enfTransmisibles/sida/prevencion/inmigrantes/docs/capitulo6.pdf (consultado el 05 de marzo de 2013).

– Médicos del Mundo (2010): Educación para la salud: guía práctica para los proyectos de salud, en http://www.redxlasalud.org/index.php/mod.documentos/mem.descargar/fichero.DOC-401%232E%23pdf (consultado el 17 de octubre de 2012).

– Morón Marchena, J. A. (1997): “Educación para la Salud en la Familia, la Escuela y el Trabajo”, en Varios: La Cultura de la Salud en España. Madrid: ADEPS, 78-86.

– Morón Marchena, J. A. (1998): Nuevas demandas de la sociedad actual: Educación para la Salud y Educación para el Consumo. Sevilla: GIPDA y Kronos.

– Murga, Mª A. (2004): “Salud y desarrollo humano sostenible: las competencias de la educación”, en Perea Quesada, R: Educación para la Salud. Reto de nuestro tiempo. Madrid: Díaz de Santos.

– OMS (1986): Carta de Ottawa para la Promoción de la Salud. Ottawa.

– OMS (1997): Declaración de Yakarta, en http://www.promocion.salud.gob.mx/dgps/descargas1/promocion/5_Declaracion_de_Yakarta.pdf (consultado el 30 de septiembre de 2012).

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– PAHO (1986): Carta de Otawa para la Promoción de la Salud, en http://webs.uvigo.es/mpsp/rev01-1/Ottawa-01-1.pdf (consultado el 25 de noviembre de 2012).

– Pérez-Pérez, I. (2013): Educación para el Desarrollo y Animación Sociocultural: un enfoque desde la participación comunitaria”, en la Global Education Magazine, nº 2, pp. 69-74, en la Web http://www.globaleducationmagazine.com/global-education-magazine-2/ y en http://www.globaleducationmagazine.com/educacion-para-el-desarrollo-animacion-sociocultural-enfoque-desde-la-participacion-comunitaria/.  (consultado el 07 de marzo de 2013).

– Sáez Cárdenas, S; Marqués Molías, F; Collel Brunet, R. (1995): Educación para la Salud. Lleida: Pagés Editors.

– Sanmartín, H; Pastor, V. (1984): Salud comunitaria. Teoría y práctica. Madrid: Díaz de Santos.

– Serrano González, Mª I. (Coord.) (1997): La educación para la salud del siglo XXI: Comunicación y salud. Madrid: Díaz de Santos.

– Turabian Fernández, J. L. (1992): Participación comunitaria en la salud. Madrid: Díaz de Santos.

– UNAIDS (2012): World AIDS Day Report. Switzerland: UNAIDS.

 

This article was published on April7th: World Health Day in Global Education Magazine.

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