Habilidades para la vida: una estrategia para promover la salud y el bienestar infantil y adolescente

 

Juan carlos melero Global Education Magazine

Juan Carlos Melero

Trabaja para la Fundación EDEX

e-mail: prevencion@edex.es

 available for blinds, Global Education Magazine

Resumen: La distribución mundial de la carga de morbilidad pone de manifiesto que, en el momento actual, los principales factores de riesgo responsables de las causas más frecuentes de pérdida de salud y muerte están relacionados con los estilos de vida. Por otra parte, el estudio de los determinantes sociales de la salud muestra el papel relevante que las condiciones de vida representan con respecto a los estilos de vida y formas de comportamiento que subyacen al mapa actual de la morbimortalidad. Señala que, siendo los estilos de vida responsables de las principales formas de enfermedad y muerte en la actualidad, están en buena medida condicionados por determinantes sociales de diverso tipo. Para fomentar con expectativas de éxito la promoción de la salud, actuando sobre los estilos de vida poblacionales y los determinantes sociales que los condicionan, el modelo de educación en habilidades para la vida se postula como una respuesta adecuada. La formación en estas habilidades permite fomentar el empoderamiento personal y comunitario como vía para afrontar los factores de riesgo que condicionan la salud y el bienestar. Con base en este modelo se han creado, implementado y evaluado actuaciones de diversa naturaleza que han mostrado resultados prometedores. Estas habilidades para la vida no pueden plantearse en clave de individualización de los riesgos sanitarios, sino que, por el contrario, incluyen posicionamientos críticos encaminados a deconstruir proactivamente los determinantes sociales que afectan negativamente a la salud pública.

Palabras clave: Promoción de la salud, determinantes sociales de la salud, estilos de vida, empoderamiento, habilidades para la vida.

 

Life Skills: a Strategy to Promote Health and Well-being among Children and Teenagers

 

Abstract: The worldwide distribution of the disease burden highlights the fact that the main risk factors that most frequently cause poor health and deaths nowadays are related to lifestyles. Furthermore, the study of social determinants of health demonstrates the key role that living conditions play with regard to lifestyles and patterns of behaviour that underlie the present map of morbidity and mortality. It indicates that lifestyles are responsible for the main forms of illness and death at present, conditioned to a large extent by a wide range of social determinants. In order to promote health with expectations of success, and acting on the lifestyles of the population and the social determinants that affect them, the life skills educational model stands out as an ideal response. Training in these skills encourages empowerment on the personal and community levels as a way of dealing with the risk factors that affect health and wellbeing. A number of varied actions have been developed on this basis, and have shown promising results. These life skills should not be approached from the point of view of the individualisation of health risks; on the contrary, they include critical stances aimed at proactively deconstructing the social determinants that have a negative effect on public health.

Keywords: Health Promotion, Social Determinants of Health, Life Styles, Empowerment, Life Skills.

 

La morbimortalidad en el siglo XXI

El concepto de carga de morbilidad es definido por la Organización Mundial de la Salud (2012a) como “la pérdida de salud por todas las causas de enfermedad y defunción, a nivel mundial”. Según los datos publicados por esta institución en el “Informe sobre la situación mundial de las enfermedades no transmisibles 2010” (Alwan, A. et al, 2011): “Las enfermedades no transmisibles (ENT) son la principal causa de mortalidad en todo el mundo, pues se cobran más vidas que todas las otras causas combinadas”.

En efecto, el mapa de la morbimortalidad dibujado por la OMS en su “Estadísticas sanitarias mundiales 2012” señala las enfermedades no transmisibles como “un problema de salud de primer orden para el siglo XXI” (OMS, 2012b). Así, señala que de los 57 millones de defunciones que ocurrieron en el mundo en 2008, el 63% se debieron a enfermedades no transmisibles. “La previsión es que la cifra anual de defunciones por ENT alcance los 55 millones en 2030; en cambio, se pronostica que la debida a enfermedades infecciosas disminuirá a lo largo de los próximos 20 años”.

Las principales enfermedades no transmisibles son las siguientes: cáncer, enfermedades cardiovasculares, diabetes y enfermedades respiratorias crónicas. Enfermedades vinculadas de manera muy estrecha con los estilos de vida de la población. Así, según la OMS (2012b), “se calcula que los factores comportamentales, entre ellos el consumo de tabaco, el sedentarismo, la dieta malsana y el uso nocivo del alcohol, son responsables de alrededor del 80% de las coronariopatías y enfermedades cerebrovasculares”. Ya en 2003 (Wilkinson, R., Marmo, M.) la OMS identificaba una batería de determinantes sociales íntimamente relacionados con las conductas y los estilos de vida humanos. En 2008, el Global Health Observatory (GHO) señalaba como principales factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles los siguientes:

  • Tabaquismo: el tabaquismo es reconocido internacionalmente como la principal causa prevenible de enfermedad y muerte prematura. Como señalaba la OMS en mayo de 2012, “la epidemia del tabaquismo mata cada año a casi 6 millones de personas”, entre ellas a 600.000 personas no fumadoras expuestas al tabaquismo pasivo (OMS, 2012c).
  • Uso nocivo de alcohol: según la OMS, “el consumo nocivo de bebidas alcohólicas causa 2,5 millones de muertes cada año. Unos 320.000 jóvenes de entre 15 y 29 años de edad mueren por causas relacionadas con el consumo de alcohol” (2011) (una cifra que supone el 9% del total de muertes ocurridas en esa franja de edad. “El uso nocivo de alcohol contribuye de forma importante a la carga mundial de morbilidad y ocupa el tercer lugar entre los principales factores de riesgo de muerte prematura y discapacidad a nivel mundial” (OMS, 2010).
  • Dieta no saludable: la práctica de hábitos alimenticios inadecuados es identificada por la OMS en su “Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud”, adoptada en 2004, como un factor de riesgo de primer orden para el desarrollo de alteraciones como hipertensión, hiperglucemia, hiperlipidemia, sobrepeso, obesidad. La OMS (2004) considera que “en general, 2,7 millones de muertes anuales son atribuibles a una ingesta insuficiente de frutas y verduras”.
  • Inactividad física: identificada por la OMS como “un problema de salud pública mundial”: En sus propias palabras, “las enfermedades no transmisibles asociadas a la inactividad física son el mayor problema de salud pública en la mayoría de los países del mundo”. Señala, así mismo, que “la inactividad física es el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad mundial (6% de las muertes registradas en todo el mundo)”, relacionada con enfermedades como la hipertensión, la cardiopatía coronaria, los accidentes cerebrovasculares, la diabetes, el cáncer de mama y de colon, entre otras.
  • Sobrepeso y obesidad: estos trastornos han experimentado un considerable incremento en todos los rincones del planeta y en todas las etapas evolutivas, si bien resulta especialmente preocupante la obesidad infantil. De acuerdo con la OMS, “La obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI”. La OMS estima que en 2010 hubo un total de 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo.

 

Los determinantes sociales de la salud

Las conductas y estilos de vida que aparecen como factores de riesgo de las principales causas actuales de morbimortalidad son, en una proporción elevada, resultado de los llamados “determinantes sociales de la salud”. En palabras de la OMS, estos determinantes representan “las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, incluido el sistema de salud” (OMS, 2008).

Como respuesta al influjo de estos determinantes sobre la inequidad en el disfrute de la salud, la Comisión de Determinantes Sociales creada en 2005 por la OMS elaboró en 2009 el informe “Subsanar las desigualdades en una generación. Alcanzar la equidad sanitaria actuando sobre los determinantes sociales de la salud”. Dicho informe, que comienza con una frase que no deja lugar a dudas sobre la relevancia que sus autores confieren a la equidad en relación con la salud (“La justicia social es una cuestión de vida o muerte”), recoge las siguientes recomendaciones de las que entresacamos algunos contenidos particularmente relevantes:

–          Equidad desde el principio: “Hay que enfocar los primeros años de vida de un modo más integral (…) ampliando el alcance de las intervenciones destinadas a la primera infancia para que incluyan el desarrollo socioemocional y lingüístico-cognitivo”.

–          Entornos salubres para una población sana: “El actual modelo de urbanización plantea importantes problemas medioambientales, en particular con respecto al cambio climático, cuyo efecto es mayor en los países de ingresos bajos y entre los grupos de población vulnerables”.

–          Prácticas justas en materia de empleo y trabajo digno: “El estrés laboral está relacionado con el 50% de las cardiopatías coronarias”.

–          Protección social a lo largo de la vida: “Hay una correlación entre la existencia de un sistema de protección social universal y generoso, y una población más sana”.

–          Atención de salud universal: “Un sistema de atención sanitaria accesible, bien concebido y bien gestionado contribuirá considerablemente a la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio”.

–          Financiación equitativa: “En todos los países, con independencia de su nivel de desarrollo económico, para tener una buena protección social y alcanzar la equidad sanitaria, es fundamental aumentar la financiación pública de las intervenciones ligadas a los determinantes sociales de la salud”.

–          Responsabilidad del mercado: “La salud no es un producto comercial. Se trata de un derecho y de un deber del sector público. Por ese motivo, los recursos destinados a la salud deben repartirse de forma equitativa y ser universales”.

–          Equidad de género: “Los prejuicios sexistas en el reparto del poder, los recursos y las prestaciones sociales, en las normas y los valores, y en la forma en que se estructuran las organizaciones y se administran los programas tienen efectos perjudiciales en la salud …”

–          Emancipación política, integración y posibilidad de expresarse: “La integración, la representación y el control son importantes para el desarrollo social, la salud y el bienestar”.

–          Una gobernanza mundial eficaz: “Un sistema de gobernanza mundial (…) que convierta la equidad sanitaria en uno de los principales componentes de los programas de desarrollo y permita a todos ejercer su influencia en los procesos de decisión en pie de igualdad…”.

Como dice la Comisión en este informe; “Las políticas sociales y económicas tienen efectos determinantes en las posibilidades de que un niño crezca y desarrolle todo su potencial, y tenga una vida próspera, o de que ésta se malogre”.

En definitiva, tal y como señala la Comisión, “Los determinantes estructurales y las condiciones de vida en su conjunto constituyen los determinantes sociales de la salud, que son la causa de la mayor parte de las desigualdades sanitarias entre los países, y dentro de cada país”.

Si la carga de morbilidad está en la actualidad fundamentalmente integrada por enfermedades no transmisibles. Si estas enfermedades son favorecidas en gran medida por los estilos de vida que la población practica. Si estos estilos de vida son debidos, en una proporción elevada, al influjo de diversos determinantes sociales que la investigación ha puesto de manifiesto. Si, tal y como la OMS sostiene, esta cadena causal existe, parece evidente la necesidad de arbitrar un abanico amplio de medidas de diversa naturaleza que permitan desactivar tales riesgos para la salud individual y colectiva.

La educación en habilidades para la vida como parte de la respuesta

Como hemos visto, la OMS señala una diversidad de determinantes sociales de la salud que requieren un abanico amplio e integrado de respuestas. Una de estas respuestas, promovida por la propia OMS desde 1993 y, del mismo modo, por otras agencias multilaterales (UNICEF, 2004), es la educación en habilidades para la vida entre el conjunto de la población, con especial incidencia en las primeras etapas evolutivas (en línea con la propuesta de la Comisión de Determinantes Sociales de “equidad desde el principio”).

Las habilidades para la vida han sido definidas, desarrolladas y categorizadas de múltiples formas, si bien, a efectos didácticos pueden organizarse en los siguientes tres bloques:

  • Habilidades cognitivas: Encajarían en esta categoría aquellas destrezas psicosociales susceptibles de favorecer procesos cognitivos eficaces para permitir a las personas y a los grupos de los que forman afrontar los desafíos de su entorno. Entre ellas cabe citar, a modo de ejemplo, el pensamiento crítico o la capacidad para tomar decisiones.
  • Habilidades emocionales: En este eje se engloban las destrezas relacionadas con la conocida como “inteligencia emocional” (Goleman, 1996), es decir, la capacidad de gobernar las emociones de manera respetuosa, entre las que cabe mencionar la empatía o el manejo del estrés.
  • Habilidades sociales: En esta tercera área se integran aquellas destrezas cuyo manejo efectivo hace posible mantener interacciones sociales positivas, mutuamente gratificantes y de colaboración. Entre ellas podemos señalar como ejemplo la asertividad o la competencia relacional.

Se trata solo de una categorización formal, ya que en la práctica las diversas habilidades consideradas en este modelo están plenamente integradas, siendo cada persona un universo cognitivo-emocional-social holístico, resultante de la combinación singular de estas tres familias de habilidades.

En su iniciativa “Life Skills Education in Schools”, la Organización Mundial de la Salud (WHO, 1993) define las habilidades para la vida de este modo: “aquellas aptitudes necesarias para tener un comportamiento adecuado y positivo, que nos permiten enfrentar eficazmente las exigencias y retos de la vida diaria”. En definitiva, un conjunto de destrezas cuya posesión y manejo efectivos permitirían a las personas y, por ende, a los grupos y colectivos en los que se integran, afrontar los desafíos vitales de un modo resiliente y desarrollar estilos de vida saludables susceptibles de reducir la proporción de enfermedades no transmisibles en la carga mundial de morbilidad.

Uno de los riesgos de un planteamiento inadecuado de este modelo es latentación de psicologizar los factores sociales y las situaciones de riesgo que se encuentran en la base de los estilos de vida relacionados con la salud. Un planteamiento erróneo y claramente inefectivo en el sentido de que, como hemos visto, el impacto de los determinantes sociales en la salud personal y colectiva no puede reducirse a dimensiones personales, sino que, además y en una medida fundamental, es debido, a condicionamientos de naturaleza social.

En este sentido, el modelo de educación en habilidades para la vida pone de manifiesto la necesidad de desarrollar en las personas una panoplia de destrezas que las capaciten para socializarse de manera no problemática en sus respectivos entornos, encontrando en sí mismos y en la relación con las demás personas estrategias susceptibles de favorecer la autonomía personal, el bienestar y la inclusión social. Es lo que conocemos como resiliencia (Munist, M. et al, 1998), esa metafórica “armadura” personal con cuya vestimenta una persona puede desarrollar su vida con menores riesgos, revirtiendo procesos que, sin tales recursos psicosociales, podrían amenazar la salud personal y colectiva.

Por otra parte, el manejo efectivo de estas habilidades favorece en las personas actitudes proactivas hacia el cambio social positivo, en la medida en que, como hemos señalado, no se trata de habilidades que agotan sus posibilidades en la “mismidad” del sujeto, sino que, por el contrario, están estrechamente relacionadas con la dimensión social constitutiva del ser humano. Son, por lo tanto, el núcleo del potencial relacional a partir del cual pueden conformarse redes y alianzas entre las personas para actuar sobre los determinantes sociales que subyacen al riesgo de pérdida de la salud y cuya remoción favorecería la equidad en el disfrute de la salud y la cohesión social.

Sobre la evidencia existente acerca del impacto positivo del desarrollo de estilos de vida saludables que incorporen como uno de sus componentes el manejo diestro de las habilidades para la vida, puede consultarse el documento Skills for Health publicado por la OMS (Clarke, 2003), así como el manual publicado en 1999 por la Comisión Europea y la Unión Internacional de Promoción de la Salud y Educación para la Salud (CE, UIPES, 1999).

Las diez habilidades para la vida promovidas desde 1993 por la OMS son las siguientes:

  • Habilidad 1. Autoconocimiento: destreza para identificar y tomar conciencia de los rasgos que dibujan nuestra personalidad, la organización integrada de todas aquellas dimensiones psicosociales que nos caracterizan y nos hacen singulares.
  • Habilidad 2. Empatía: capacidad para ponerse en el lugar de las demás personas para, desde esa posición, sintonizar con sus sentimientos y emociones.
  • Habilidad 3. Comunicación asertiva: habilidad para expresar opiniones, sentimientos, decisiones, etc., de manera apropiada al contexto en el que vive y a las personas con las que se entra en relación.
  • Habilidad 4. Relaciones interpersonales: competencia para interactuar de manera positiva con las demás personas, poniendo en acción en ese marco relacional todas aquellas otras habilidades sin cuyo manejo diestro el “animal social” que somos se vería limitado.
  • Habilidad 5. Toma de decisiones: capacidad para construir racionalmente las decisiones cotidianas a partir del reconocimiento de las variables en juego, la identificación de las opciones disponibles, la asunción de las decisiones consideradas más efectivas y la valoración posterior de los resultados.
  • Habilidad 6. Solución de problemas y conflictos: destreza para afrontar de manera constructiva los conflictos inherentes a la vida humana, que afectan a las personas y las comunidades.
  • Habilidad 7. Pensamiento creativo: destreza en la que se materializa uno de los procesos de pensamiento a disposición de todas las personas para explorar respuestas innovadoras a cada momento y situación vital.
  • Habilidad 8. Pensamiento crítico: capacidad para cuestionar experiencias e información, sin asumir pasivamente criterios ajenos. Esta habilidad es uno de los principales motores del cambio personal y social.
  • Habilidad 9. Manejo de emociones y sentimientos: destreza necesaria para reconocer y gestionar de manera positiva las emociones y sentimientos, tanto los propios como los de aquellas personas con las que entramos en relación.
  • Habilidad 10. Manejo de la tensión y el estrés: capacidad para reconocer las fuentes que subyacen a las tensiones y el estrés que afectan a nuestra vida cotidiana, y de actuar positivamente sobre ellas para erradicarlas o, cuando menos, compensar su impacto.

En definitiva, cuando hablamos de habilidades para la vida hacemos referencia a un repertorio de destrezas psicosociales vinculadas tanto con el funcionamiento íntimo de cada persona como con su competencia relacional y su inclusión social. De la integración equilibrada de estas habilidades cabe esperar resultados positivos para la capacidad de las personas, y los grupos de los que forman parte, de gestionar adecuadamente su vida, incidiendo positivamente sobre las influencias sociales que la condicionan.

 

A modo de ejemplo: “La aventura de la vida”

Basándonos en este modelo, la ONG española EDEX (http://www.edex.es) dinamiza desde los años 90 del siglo XX diversos programas de promoción de la salud en el ámbito escolar: programas genéricos de educación para la salud o programas más específicos de prevención de la obesidad infantil, de educación afectivo-sexual o de prevención de drogodependencias.

Uno de estos programas de educación para la salud es el denominado “La aventura de la vida”: (Flores, 2012). Una iniciativa cuya primera edición experimental se puso en marcha en 1989 y cuyas principales señas de identidad son las siguientes:

  • Naturaleza

Se trata de un programa de Educación para la Salud conformado por la integración de dos ejes:

–          Eje temático: centrado en los hábitos de salud sobre los que el programa se propone incidir: Alimentación, Actividad y descanso, Alcohol, Tabaco, Medicamentos, Higiene y Seguridad.

–          Eje transversal: relativo a las habilidades para la vida sobre cuyo desarrollo pivota el programa.

  • Ámbito de actuación

La escuela como comunidad educativa integrada por profesorado, alumnado y familias.

  • Población destinataria

Escolares con edades comprendidas entre los 8 y los 12 años.

  • Objetivo

Desarrollo en niñas y niños de competencias adecuadas para asumir de manera positiva y crítica el cuidado de su salud personal y pública. Para ello, además de compartir información relevante sobre los principales factores de riesgo, fomenta el desarrollo de las habilidades que están en la base de la construcción de estilos de vida saludables.

  • Herramientas

Las herramientas educativas que el programa pone a disposición de los diversos agentes implicados son las siguientes:

–          Para el alumnado: Un álbum de cromos para cada escolar de cada uno de los cuatro cursos de Educación Básica o Primaria a los que se dirige. Cada álbum integra un total de 36 cromos y otras tantas historias en las que un grupo de niñas y niños viven en primera persona diversas peripecias relacionadas con los temas abordados.

–          Para el profesorado: Cada docente comprometido con el desarrollo del programa en el aula dispone de una guía didáctica. Ésta, además de presentar la relevancia de la educación para la salud, propone las pautas metodológicas para la dinamización educativa del programa. Una metodología activa y participativa, que reconoce el lugar central del alumnado en la construcción de contenidos significativos. En este sentido, “La aventura de la vida” no persigue adoctrinar al alumnado en torno a la salud, sino entrenarle en el desarrollo de competencias que le permitan adoptar las decisiones más adecuadas desde el punto de vista del autocuidado y del cuidado de las demás personas y entornos con los que se relaciona.

–          Para las familias: La guía titulada “10 pasos para educar a sus hijas e hijos ante los riesgos del alcohol y otras drogas” es la base del trabajo educativo realizado con las familias. Un trabajo que puede materializarse, en función de los diversos contextos en los que el programa se desarrolla, en la dinamización de Escuelas de Madres y Padres, el desarrollo de encuentros monográficos en torno a alguno de los temas abordados por el programa, la distribución masiva de la guía como material de lectura y debate en encuentros familiares de diverso tipo, etc.

  • Dinámica educativa

El profesorado, mediante el recurso a dinámicas pedagógicas de corte lúdico y participativo, utiliza las herramientas didácticas del programa (las historias y los cromos mencionados) para propiciar la emergencia en el aula de experiencias significativas del alumnado como materia educativa. En este sentido, las historias propuestas no pretenden ser un relato cerrado que cada escolar deba interiorizar de manera acrítica. Antes bien, tiene como principal cometido evocar en niñas y niños experiencias, emociones, etc., relacionadas con cada uno de los temas que el programa aborda, para su tratamiento educativo.

  • Cobertura

Desde su creación en 1989 hasta la actualidad (curso escolar 2012-2013), el programa “La aventura de la vida” ha sido aplicado en España y en los siguientes quince países de Latinoamérica y El Caribe: Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Cuba, Chile, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, México, Panamá, Perú, República Dominicana y Uruguay. La dinamización del programa ha formado parte de diversos proyectos de cooperación al desarrollo protagonizados en cada territorio por ONG locales, en colaboración con sus gobiernos  (locales, regionales o nacionales), y con el apoyo de diversas instituciones públicas españolas y europeas.

  • Más información

Una descripción más detallada del programa puede encontrarse en: http://laaventuradelavida.net

 

Conclusiones

La distribución de la carga de morbilidad entre países y en el interior de cada país no se debe al azar. Antes bien, subyacen a la misma estilos de vida que se encuentran estrechamente relacionados con las enfermedades más prevalentes en la actualidad: las enfermedades no transmisibles. Estos estilos de vida se encuentran en buena medida condicionados por determinantes sociales de diversa naturaleza que la investigación ha ido desentrañando. Incidir sobre ellos para su modificación, así como entrenar a las personas para compensar de manera resiliente su influjo, son actuaciones a desarrollar para la promoción de la salud individual y pública. De los múltiples componentes que debe integrar una estrategia sólida que se proponga tener impacto real sobre la salud, la educación en habilidades para la vida propuesta por la OMS hace ahora dos décadas, es un elemento con un elevado potencial. Habilidades para la vida que, lejos de psicologizar la salud pública, contribuyen al desarrollo de personas socialmente competentes, susceptibles de acometer colaborativamente aquellas mejoras que la realidad requiere.

 

Referencias bibliográficas y webgráficas

Alwan, A. (2011). Informe sobre la situación mundial de las enfermedades no transmisibles. 2010. Resumen de orientación. Ginebra: OMS.

Clarke, D. et al (2003). Skills for Health. Skills-based health education including life skills: An important component of a Child-Friendly/Health-Promoting School. Information series on school health. Document No. 9. Geneva: WHO.

Comisión Europea,  Unión Internacional de Promoción de la Salud y Educación para la Salud (1999). La Evidencia de la Eficacia de la Promoción de la Salud. Configurando la Salud Pública en una Nueva Europa. Parte Una y Parte Dos. Libro de Evidencia. Madrid: Rumagraf, S.A.

Flores Fernández, F. (1989-2012). La aventura de la vida. Bilbao: EDEX.

GHO (2008). Noncommunicable diseases. WHO. Recuperado de http://www.who.int/gho/ncd/en/index.html

Goleman, D. (1996). Inteligencia emocional. Madrid: Kairós.

Munist, M., Santos, H., Kotliarenco, M.A., Suárez Ojeda, E.N., Infante, F., y Grotberg, E. (1998). Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes. Washington, DC: OPS.

OMS (2004). Estrategia mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud.  Recuperado de http://www.who.int/dietphysicalactivity/strategy/eb11344/strategy_spanish_web.pdf

OMS (2008) Recuperado de http://www.who.int/social_determinants/es/

OMS (2009). Subsanar las desigualdades en una generación. Argentina: La Stampa, S.A.

OMS (2010). Estrategia mundial para reducir el uso nocivo de alcohol. Italia: OMS.

OMS (2011). Alcohol. Recuperado de http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs349/es/index.html

OMS (2012a). 10 datos sobre la situación sanitaria mundial. Recuperado de http://www.who.int/features/factfiles/global_burden/es/index.html

OMS (2012b). Estadísticas sanitarias mundiales 2012. Ginebra: OMS.

OMS (2012c). 10 datos sobre la epidemia de tabaquismo y el control mundial del tabaco. Recuperado de http://www.who.int/features/factfiles/tobacco_epidemic/es/index.html

UNICEF (2004). Life Skills-Based Education for Drug Prevention: Training Manual. New York. Recuperado de http://www.unicef.org/spanish/lifeskills/files/DrugUsePreventionTrainingManual.pdf

WHO (1993). Life Skills Education in Schools. Geneva: WHO.

Wilkinson, R., Marmo, M. (Eds.). (2003). Social determinants of health: The solid facts. Second edition. Denmark: WHO.

This article was published on April7th: World Health Day in Global Education Magazine.

Supported by


Edited by:

Enjoy Our Newsletters!

navegacion-segura-google navegacion-segura-mcafee-siteadvisor navegacion-segura-norton