Los Grupos de Ahorro y Crédito como procesos educativos de fortalecimiento comunitario

Carlos Madridejos Ornilla, Global Education MagazineCarlos Madridejos Ornilla

Coordinación y Evaluación de proyectos en IED – VITAL

e-mail: carlos.madridejos@gmail.com

web: www.iedmicrofinanzas.com / www.corporacionvital.com

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Resumen: los Grupos Autogestionados de Ahorro y Crédito (GAAC) se han consolidado durante las últimas décadas como una potente herramienta para la generación de alternativas económicas, fortalecimiento del tejido social y recuperación de relaciones solidarias en poblaciones en condición de vulnerabilidad. Desde la experiencia colombiana, donde las realidades regionales están fuertemente marcadas por el conflicto armado, el desplazamiento forzado y la desestructuración comunitaria, se ha demostrado como los impactos de estas iniciativas son de carácter multidimensional, trascendiendo lo económico, y dejando una capacidad instalada en los participantes que les permite ser protagonistas de sus propios modelos de desarrollo. Los grupos se convierten en espacios de intercambio de conocimiento, construcción colectiva y promoción de derechos.

Palabras clave: Grupos de Ahorro, educación financiera, cooperación internacional, fortalecimiento comunitario, generación de ingresos, asociatividad.

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Village Savings and Loans Groups as Educational Processes of Community Strengthening

Abstract: During the last decades, Village Savings and Loans groups (VSL) have been consolidated as a powerful tool for the generation of economic alternatives, strengthening of the social fabric and recovery of supportive relationships in vulnerable communities. From de Colombian experience, where the regional realities are strongly affected by armed conflict, forced displacement and community deconstruction, the impacts of this methodology has been proven to be multidimensional, transcending the economic character, and empowering participants to be protagonists of their own development model. Groups become spaces of knowledge exchange, collective construction and rights promotion.

Keywords: Saving groups, Financial education, International cooperation, community strengthening, income generations, associativity

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En primer lugar, es necesario entender los proyectos de creación de Grupos Autogestionados de Ahorro y Crédito (GAAC) como procesos educativos más que asistenciales, cuyo objetivo último no puede ser otro que lograr una transferencia metodológica integral a las comunidades. Aunque la conformación de los GAAC sea promovida y asistida inicialmente por el personal de una organización u programa gubernamental, es importante que desde el principio se enfoque a dejar capacidad instalada en la población, de manera que no se dependa de la continuidad de los proyectos sino que los participantes, sujetos autónomos y que gestionan sus propios recursos, puedan proseguir de forma independiente. Uno de los factores determinantes para el éxito de la iniciativa, es que no haya contribución externa de un capital semilla, de manera que el fondo esté conformado exclusivamente por las aportaciones de los integrantes, lo que contribuye a que haya una fuerte apropiación por parte de los asociados, y que exista mayor compromiso y control social sobre las actividades del grupo.

La metodología nació en Bangladesh, con el propósito de acercar servicios financieros a aquellas comunidades en las que no hay presencia de entidades bancarias formales. La inexistencia de herramientas económicas que satisfagan las necesidades de las personas de más escasos recursos y la incapacidad de éstas para cumplir con las garantías requeridas para acceder a capital, no les deja otra salida que exponerse al prestamismo ilegal, limitando considerablemente los ingresos derivados de su actividad productiva o incluso condenándoles al pago de una deuda perpetua. Los grupos, conformados por personas de condiciones socioeconómicas similares, no sólo dotan a sus integrantes de mecanismos de ahorro y de acceso a préstamo en situaciones de necesidad sino que en la mayoría de los casos, se consolidan como espacios de formación, apoyo y generación de tejido social. La metodología, cuyos pilares son la autogestión y la toma de decisiones mediante procesos asamblearios, ha sido exportada a numerosos países, adaptándose a las diferentes realidades sociales y culturales. Actualmente, los GAAC se extienden por el continente asiático y africano, y comienzan a tener presencia en países latinoamericanos como Colombia, Bolivia o Guatemala.

Podemos definir un grupo autogestionado de ahorro y crédito como un grupo de personas, de condiciones económicas similares, quienes se reúnen regularmente para ahorrar en conjunto y toman préstamos de esos ahorros para cubrir necesidades o urgencias con unos intereses consensuados previamente. La estructura metodológica que tienen los GAAC y las normas de funcionamiento a las que están sujetos les permiten convertirse en espacios de educación en valores mediante la práctica, aprendiendo con la experiencia del ahorro colectivo. Entre esos valores, podemos destacar:

  • Solidaridad. Los grupos suelen incluir un “Fondo Social” o “Fondo Solidario”, al que todos los participantes hacen una aportación fija en cada reunión, y que es utilizado para ayudarse entre ellos en caso de calamidad. Esta herramienta ha sido utilizada históricamente en diferentes culturas, como por ejemplo, los fondos funerarios de Etiopía, también conocidos como Iddir, y que son grupos de personas que se unen con base a su localidad, ocupación, amistad o lazos familiares, y que mediante el ahorro colectivo pagan gastos funerarios o proporcionan ayuda económica a las familias del difunto.

  • Democracia. Todas las decisiones que se tomen dentro del grupo van a ser consensuadas y aprobadas por todos los miembros. Desde la fase de conformación, serán los propios interesados los que autoseleccionen los miembros de su GAAC, serán ellos mismos los que debatan y acuerden los estatutos internos que marcaran las reglas en su ciclo de ahorro y serán ellos los que decidan como priorizar los préstamos para cubrir las necesidades más urgentes. Esto es de suma importancia, ya que ayuda los participantes a recuperar espacios de decisión y posiciones de igualdad frente a los líderes carismáticos que muchas veces acaparan la voz de la comunidad.

  • Honestidad. Las reuniones se realizan con todos los miembros presentes, y para el desarrollo de éstas se elige un comité administrativo conformado por un presidente, una portadora de caja, un registrador y dos contadoras, cuya responsabilidad principal es que todas las operaciones que realice el grupo gocen de la mayor transparencia posible.

  • Responsabilidad. Se establece una regularidad para las reuniones y un horario fijo que se ajuste a los tiempos de los miembros. Asimismo, se establecen multas simbólicas para las personas que lleguen tarde o que no asistan sin justificación, lo que hace que los participantes menos comprometidos contribuyan a la capitalización del fondo.

 Las declaraciones de Paris y Accra pusieron encima de la mesa el debate sobre la efectividad de la ayuda e hicieron visible la necesidad de transformar la arquitectura de la cooperación en la que han estado enmarcados los proyectos durante las últimas décadas. Uno de los principales problemas identificados en los proyectos de desarrollo es la falta de sostenibilidad de muchas iniciativas, que dejan de ser efectivas una vez agotados los recursos, ya sea por una falta de apropiación por parte de los participantes o por su incapacidad para adaptarse a las necesidades reales de los beneficiarios. En ese sentido, es importante que los aprendizajes del pasado sean una contribución práctica para la búsqueda de estrategias innovadoras que ayuden a superar los errores clásicos. El intercambio de conocimiento con las comunidades y la adaptación de experiencias exitosas en otras regiones, deben ser criterios fundamentales para asegurar la calidad en el diseño de los proyectos. Los Grupos Autogestionados de Ahorro y Crédito, no se limitan únicamente a los impactos directos derivados de su aplicación, sino que también son una fuente fiable de información, a través de los cuales podemos conocer las principales carencias que enfrentan los miembros, los elementos que están limitando su capacidad de mejora o cuáles son sus aspiraciones y capacidades. La metodología se convierte paralelamente en un espacio de análisis donde poder desarrollar nuevos productos que mejoren las economías familiares y locales. “La economía de la pobreza se confunde demasiado a menudo con una economía pobre; dado que los pobres poseen tan poco, se asume que no hay nada de interés en su vida económica. Desafortunadamente, esta equivocación debilita la lucha contra la pobreza global” (Banerjee y Duflo, 2012)Una de las primeras enseñanzas que han quedado después de 5 años de proyectos de conformación de grupos en Colombia, es que incluso las personas de más bajos ingresos son capaces de ahorrar. En la mayoría de los casos, la falta de instrumentos formales de ahorro adecuados a sus necesidades y el desconocimiento de otras herramientas, conducen a una falta de administración de las finanzas familiares y dificultan la realización de planes de mejora a medio y largo plazo. Las reuniones de ahorro colectivo cada quince días y la liquidación de capital cada ocho meses, les permite marcarse metas, reconducir su consumo y plantear objetivos a los que destinar su dinero. Muchas veces es el empujón necesario para generar confianza y expectativas que se materialicen en oportunidades de negocio o en nuevas fuentes de generación de ingresos. Es importante destacar, que el hecho de que los grupos sean autogestionados hace que sean los miembros, fruto de sus propias decisiones, los que ajusten la utilidad del grupo a sus necesidades concretas. En la mayoría de los casos, los capitales ahorrados se destinan a pagos educativos, mejora de vivienda, compra de electrodomésticos, inversiones productivas, etc.

Otro de los desafíos que plantea el contexto colombiano, es la falta de capital social que se evidencia muchas veces en las comunidades, principalmente ocasionada por el fuerte desplazamiento interno que ha azotado el territorio nacional desde hace 50 años. En este caso, tomamos el capital social como el concepto expuesto por Alberdi y Armiño (2000): “Conjunto de normas, redes y organizaciones construidas sobre relaciones de confianza y reciprocidad, que contribuyen a la cohesión, el desarrollo y el bienestar de la sociedad, así como a la capacidad de sus miembros para actuar y satisfacer sus necesidades de forma coordinada en beneficio mutuo”. En muchos casos, uno de los pilares fundamentales para que las políticas públicas, los programas y los proyectos orientados al desarrollo comunitario tengan los impactos esperados es el grado de asociatividad de los participantes, cual es su capacidad para trabajar en conjunto y cómo funcionan sus redes de solidaridad. Un ejemplo de la importancia de este factor en el diseño de los proyectos, es el diagnóstico ICO (Indice de Capacidad Organizacional) que se ha empezado a aplicar en Colombia con el Ministerio de Agricultura, el Banco Mundial y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, y cuyo objetivo es según mencionan en su informe “Zonas de Reserva Campesina” (2003):“…la construcción y aplicación de un mecanismo que permitiera conocer de una manera técnica y objetiva la situación organizativa de las comunidades zonales, contar con una línea de base sobre el tema y formular y ejecutar un programa de fortalecimiento ajustado a las necesidades y requerimientos de las organizaciones”. De nuevo, los Grupos Autogestionados de Ahorro y Crédito pueden posicionarse como una alternativa real para generar una base social más sólida con la que trabajar proyectos productivos o estrategias de movilización de economías locales. No debemos limitarnos a ver los GAAC como unidades de ahorro aisladas, sin conexión entre sí, sino que podemos avanzar en el estudio y creación de fórmulas que les permitan utilizar sus activos, ya sea para la compra al por mayor, la creación de redes de productores o la inversión colectiva para el beneficio común.

Por último, no podemos dejar de reflexionar sobre la consideración de los grupos como espacios de promoción de derechos, generación de conocimiento e intercambio de saberes. Más allá de reuniones de una hora donde se ahorra en torno a una caja con tres candados, en los encuentros se comparten problemas, se buscan soluciones, se gestan ideas y se participa con igualdad. Los miembros no solo se educan e independizan financieramente, sino que aprovechan esos espacios para fortalecerse en otros ámbitos de su vida cotidiana. Tomando como referencia el concepto de capacidades concebido por Amartya Sen, los GAAC se convierten en una plataforma adecuada para su desarrollo y para el fortalecimiento del Indice de Desarrollo Humano, que tal como define Naciones Unidas, implica ampliar las oportunidades y las capacidades para que puedan vivir una vida creativa y productiva conforme con sus necesidades e intereses.

Al hablar de las microfinanzas como herramienta para la superación de la pobreza, es común que centremos nuestra atención en los microcréditos y otros productos financieros orientados a las personas de baja capacidad adquisitiva. La experiencia de las últimas décadas nos enseña que el uso indiscriminado de estos instrumentos no es la “panacea” que muchos pronosticaron y que el acceso a financiación no es la solución única para la superación de la pobreza, más allá de lo económico debemos enfrentar restricciones en el plano individual y colectivo. En muchos casos, un aumento de los ingresos en el núcleo familiar, ya sea por razones laborales o por la percepción de subsidios, no supone automáticamente una mejora de las condiciones de vida. Los Grupos Autogestionados de Ahorro y Crédito se consolidan como una metodología exitosa, y cuyo fin último no se limita a dar respuestas económicas ante la falta de entidades bancarias formales, sino también generar iniciativas colectivas y despertar las potencialidades y aspiraciones de sus participantes, muchas veces menoscabadas por su obligada economía de subsistencia.

Referencias Bibliográficas

Allen, Hugh y Ruiz, Olga Lucía (2011) Guía de capacitación del facilitador de campo. Bogotá: VSL-IED

Banerjee, Abhijit y Duflo, Esther (2012) Repensar la pobreza: Un giro radical en la lucha contra la desigualdad global. Bostón:

Armiño, Karlos Perez (2000)Diccionario de Acción Humanitaria y Cooperación al Desarrollo. Bilbao: HEGOA

Villarraga, Jaime (2008)Fondos autogestionados de ahorro y crédito: Experiencias y lecciones para el fortalecimiento de las microfinanzas rurales en Colombia.Bogotá: CDC-Fundación Ford

Zonas de Reserva campesina. Indice de capacidad organizacional ICO. Ministerio de Agricultura y desarrollo Rural, Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura, Banco Mundial (2003). Bogotá.

This article was published on June 20th: World Refugee Day in Global Education Magazine.

  • Francisco Bustamante

    Es una tendencia que ha venido creciendo en los ultimos años. La importancia de incluir un poco de sentido social y humano en la economía le ha dado un valor exponencial a las Cooperativas. En Colombia una de las cooperativas más completas donde se pueden recibir apoyos para compra de vivienda, créditos, becas para estudiar y más beneficios es http://www.coopetraban.com.co

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