Los refugiados también existen en las Américas

Francesca Fontani, Global Education MagazineFrancesca Fontanini

Oficial regional de información pública de ACNUR Américas

fontanin@unhcr.org

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Cuando hablamos de los refugiados y desplazados que hay en el mundo, 43 millones, la primera imagen que viene a nuestra mente es un campamento en África. Pero no tenemos que olvidar que, de esta cifra, hay más de 400,000 personas refugiadas con necesidad de protección en todos los países de las Américas, y casi 4 millones de desplazados internos en Colombia, ubicando esta última como una de las mayores crisis humanitarias a nivel mundial, junto a la República Democrática del Congo y Siria. Esta población vive en contextos urbanos, como la mitad de los refugiados en el mundo que ahora residen en ciudades, y esto representa un nuevo desafío para ACNUR.

Ecuador es el país que tiene más población refugiada, con unos 55.000 refugiados oficialmente reconocidos. Cerca de 1.000 personas al mes solicitan refugio en el país tras cruzar la frontera de Colombia por efecto del conflicto armado, presión de grupos post desmovilización, confinamiento, reclutamiento de menores, violencia sexual y extorsión, entre otros. Casi el 50% de esta población ha sido desplazada en Colombia por lo menos una vez, otros lo han sido múltiple veces. Ellos viven en un ciclo de desplazamiento forzado constante y finalmente deciden cruzar la frontera para obtener el reconocimiento de refugiado.

Brasil tiene aproximadamente 4.200 refugiados reconocidos por el Gobierno, de mas de 70 nacionalidades distintas. Los principales grupos son de nacionales oriundos de Angola, Colombia, República Democrática del Congo (RDC) e Iraq. Con la cesación de la condición de refugiado para nacionales de Angola y Liberia, establecida por el Gobierno de Brasil en 2012, y considerando las nuevas llegadas de solicitantes, el perfil de refugio en Brasil se cambiará a medio plazo, con una mayor presencia de refugiados colombianos, de la RDC y del Medio Oriente – especialmente Siria. Para cumplir su mandato de protección a los refugiados, ACNUR trabaja en Brasil muy cerca de autoridades gubernamentales, la sociedad civil y el sector privado, promoviendo acciones que visan la asistencia e integración de estas poblaciones. Además de las actividades de protección, se brinda atención especial a las demandas de las mujeres y niños, como también a la inserción de los refugiados en el mercado laboral.

En Costa Rica, se han reconocido desde el año 2000 a 12.700 personas como refugiadas de 40 nacionalidades distintas y la mayoría vive en el área urbana. ACNUR en Costa Rica se encuentra implementando una Iniciativa del Aseguramiento de la Calidad para apoyar al gobierno en mejorar los procedimientos del sistema de asilo. Además, siendo la integración local la solución principal para la mayoría de personas refugiadas, se promueve desde hace un año un audaz proyecto de promoción del empleo, que incorpora a todas las áreas de trabajo de la oficina y que implica un fuerte trabajo con empresas privadas.

ACNUR reconoce la generosidad de los Estados de América Latina por su respuesta a la población refugiada, que ha proporcionado asistencia humanitaria, educación, vivienda y salud. Hemos notado, sin embargo, en los últimos años que la tasa de reconocimiento de los refugiados es muy baja y los mecanismos de acceso al sistema de asilo son más restrictivos y de difícil acceso, debido principalmente a preocupaciones de seguridad nacional, lo que obliga a los potenciales solicitantes de asilo, permanecer en zonas fronterizas en situación irregular o clandestina; o peor, se enfrentan al hecho de tener que regresar a su país. Frente a ellos, sin embargo, la solución es asegurar la seguridad ciudadana, incluyendo la regularización de aquellos que ingresan a un nuevo país porque no tuvieron otra opción.

Como nos recuerda el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, António Guterres. “El miedo a las supuestas avalanchas de refugiados se confunde con la cuestión de la inmigración. Sin embargo, son los países más pobres los que tienen que asumir la responsabilidad”. Sobre todo en América Central, México y el Caribe, los refugiados forman parte de estos complejos flujos migratorios mixtos. El clima político de la región está dominado por las preocupaciones en materia de seguridad nacional y de control de las migraciones, a menudo en detrimento de las necesidades de protección internacional.

 Por ejemplo las personas refugiadas que llegan a México lo hacen viajando junto con otras personas que migran a través del país utilizando los mismos medios, las mismas rutas y experimentando los mismos riesgos que las personas migrantes. Al igual que ellos, las personas refugiadas enfrentan graves peligros al salir de sus países incluyendo la violencia sexual o el riesgo de caer en las manos de traficantes y tratantes de personas. A menudo, los refugiados desconocen que su experiencia y las circunstancias vividas en su país de origen podrían dar lugar a la protección especial que garantiza la condición de refugiado. Entre las personas que llegan a México y que requieren protección internacional se encuentran los niños y las niñas no acompañados, las personas que huyen de persecución por pandillas organizadas (principalmente de países centroamericanos); así como las personas víctimas de trata.

También ACNUR alerta sobre la distribución desigual de los desplazados y refugiados en el mundo, incluida América Latina. “A veces parece que las objeciones más fuertes vienen de países que no soportan la carga más grande”, ha denunciado Guterres. Además las épocas de dificultades económicas alimentan políticas populistas, y las diferencias culturales y religiosas pueden influir también. Debemos unir fuerzas – los políticos, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y todos los seres humanos- para tomar una postura firme en contra de la xenofobia y el racismo. Todas las sociedades son o serán multiétnicas, multiculturales y multi-religiosas. Es importante que prevalezca la tolerancia y que las personas aprendan a convivir, de igual manera que sean conscientes de la riqueza de la diversidad.

La mayoría de los países de la región de las Américas son parte de la Convención de 1951 sobre los Refugiados y/o de su Protocolo de 1967. Todavía hay unos países en la región como Guyana y los pequeños Estados del Caribe que no han firmado ninguno de estos tratados. Sobre todo desde la aprobación del Plan de Acción de México por parte de 20 países en el 1984, muchos de ellos han modificado su legislación para mejorar la protección de los refugiados y los desplazados internos. El Plan consta de tres pilares principales que se ocupan del desplazamiento urbano, la protección en las zonas fronterizas y el reasentamiento. Aún hoy es preciso asegurar la efectiva implementación del marco legal para proteger a los refugiados o para llenar el vacío entre el marco legal y la realidad.

En toda América Latina, el desempleo y el acceso limitado al mercado laboral, que en parte se debe a la falta de documentación requerida, dificulta la integración local de refugiados y la búsqueda de la autosuficiencia económica. La región está recibiendo un creciente número de solicitantes de la condición de refugiados y de inmigrantes económicos, procedentes en su mayoría del Cuerno de África y Oriente Medio, lo que plantea nuevos desafíos para los a veces frágiles sistemas de asilo.

La labor principal de ACNUR en América Latina consiste en fortalecer la protección de los refugiados, desplazados internos y otras personas de interés, así como reforzar la cooperación para mejorar la protección de esta población, y para gestionar mejor los flujos migratorios mixtos y las situaciones de apátrida. En fin, mejorar la seguridad del personal y garantizar la eficiencia de las operaciones optimizando la utilización de los recursos.

La región sur de América Latina comprendida por los países de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, alberga cerca de 10.000 refugiados y solicitantes de asilo. La mayoría proviene de América Latina, y el resto de África, Asia y Europa. La Oficina Regional de ACNUR para el Sur de América Latina trabaja junto a los gobiernos, las agencias socias y la sociedad civil trabaja para que las personas que llegan buscando protección puedan disfrutar de sus derechos básicos y participar a los programas de integración socio-económica en los países de acogida.

En Colombia aunque hay en marcha un diálogo de paz desde el año pasado entre el gobierno y la guerrilla, la cifra, acumulada a lo largo de casi cincuenta años de conflicto interno armado, continúa aumentando generando nuevos desplazamientos y dificultando regresos. Según ACNUR, en 2010 y 2011 se contabilizaron más de 250.000 nuevas personas desplazadas internas en Colombia. Además, se estima -todavía no están disponibles los datos oficiales para el año 2012- que también se registró un número significativo de desplazamientos, sobre todo episodios de desplazamientos masivos.

La cifra de 3.9 millones desplazados en Colombia es una cifra cumulativa desde el año 1997 hasta 2011 y, por lo tanto, no reflejan el hecho que algunas personas desplazadas internas pueden haber regresado a sus lugares de origen, haberse integrado localmente o establecido en otras partes del país. Tampoco hay que perder de vista, sin embargo, que el proceso de registro de víctimas aún no ha concluido, ni que las cifras oficiales no incluyen a los desplazados por causa de la violencia ejercida por las bandas criminales de origen paramilitar, razón por la que varias organizaciones de la sociedad civil estiman que el número “real” de desplazados internos en Colombia es aún más alto de lo que reconoce el gobierno: unos 5,5 millones de personas, según los cálculos del recién informe de Internal Displacement Monitoring Centre (IDMC).

En lo que no parece haber mayores cambios es en las causas del desplazamiento. Entre las más frecuentes, están la actividad de las bandas criminales de origen paramilitar, los enfrentamientos entre guerrilla y gobierno, las amenazas en contra de líderes y comunidades, el reclutamiento forzado de menores y los intentos de obligar a las comunidades a participar en actividades ilícitas.

 

This article was published on June 20th: World Refugee Day in Global Education Magazine.

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