Refugiados: el retorno soñado

Ruth Marjalizo, Global Education MagazineRuth Marjalizo

Refugees Section Manager

ruth.mg@globaleducationmagazine.com

 

English version

World Refugee Day: The Hidden Truth of Refugees from Global Education Magazine on Vimeo.

Refugiado es un término cada vez más usado en el lenguaje cotidiano. La guerra civil de Siria es una de las grandes causas actuales, pero esta definición no es nueva, ya que los refugiados han existido desde el siglo pasado. Todavía recuerdo la primera vez que escuché la palabra apátrida y me pregunté ¿es posible que existan personas sin nacionalidad cuando la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho a una nacionalidad? Por lo tanto, uno se pregunta ¿cuándo un refugiado deja de serlo? ¿Es que no proclamamos estos derechos para proteger a los ciudadanos? Sin embargo, hay teorías que no encuentran aplicación práctica en la vida.

El artículo 1(A)(2) de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados define refugiado como una persona que

“debido a fundados temores de ser perseguida por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas, se encuentre fuera del país de su nacionalidad y no pueda o, a causa de dichos temores, no quiera acogerse a la protección de su país; o que careciendo de nacionalidad y hallándose, a consecuencia de tales acontecimientos fuera del país donde antes tuviera su residencia habitual, no pueda o, a causa de dichos temores no quiera regresar a él”.

Esta definición puede hacernos una ligera idea de la cantidad de refugiados que existen en la actualidad. Y es que por desgracia, los seres humanos se ven envueltos en situaciones extremas en las que no tienen otra solución más que huir.
Cada año, cientos de miles de personas son desplazadas de sus hogares a causa de conflictos bélicos. Lo más alarmante es que más de la mitad de este número son niños donde la gran mayoría, pasan su entera infancia en campamentos de refugiados. Ya sean refugiados, desplazados internos, apátridas o solicitantes de asilo, los niños son los más propensos a sufrir maltrato, abandono, explotación, tráfico o reclutamiento militar forzoso. Cuando una persona huye a otro país en busca de asilo humanitario, es lógico que se trate de una medida desesperada en busca de protección. La repatriación está condenada por la Convención de 1951 y es obligatorio dar asilo político, aunque en la práctica no siempre ha sido así.
Aunque calcular el número de personas desarraigadas en el mundo es una ardua labor, se estima que el número alcanza los 33,9 millones de personas; de los cuales 15,2 millones son refugiados, la mayor cifra alcanzada en las últimas décadas. Por otro lado, alrededor de 28,8 millones son desplazados internos, y el resto son otro tipo de refugiados del que se desconoce el número exacto que huyen de la pobreza, la hambruna o la destrucción del medio ambiente.
Podemos clasificarlos en cinco tipos diferentes: el refugiado económico es aquel que por necesidad, se ve obligado a abandonar su país en buscar de una mejor oportunidad. El refugiado sanitario sin embargo, es el que se desplaza a otra región a causa de enfermedades, hambruna o pobreza. Los refugiados de guerra son los que más han aumentado significativamente en el último siglo, siendo el desplazamiento a causa de guerras internas o externas con otros países, por diferencias étnicas o sociales. Los refugiados políticos en cambio, se han visto obligados a huir de su país a causa de su activismo o ideales. El último (y no por ello, menos importante) es el refugiado ambiental, el cual escapa de los desastres que la naturaleza ocasiona cada año en muchos países a causa del cambio climático.
Pero si hay una nacionalidad afectada que destaca por encima de las demás, a causa de la repercusión mediática y la problemática que aún continua esa es la palestina, que cuenta con unos 5 millones de refugiados repartidos en campamentos en Siria, Líbano, Jordania, Gaza y Cisjordania. En mayo se celebró la Nakba (en árabe النكبة, que significa ‘catástrofe’) que conmemora el éxodo palestino a causa de la guerra árabe-israelí de 1948, donde los palestinos se vieron forzados a abandonar sus lugares de origen convirtiendo a su generación y a todas las venideras en refugiados de por vida.
La resolución 194 dice

“que debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos, que lo hagan así lo antes posible, y que deberán pagarse indemnizaciones a título de compensación por los bienes de los que decidan no regresar a sus hogares y por todo bien perdido o dañado cuando, en virtud de los principios del derecho internacional o por razones de equidad, esta pérdida o este daño debe ser reparado por los gobiernos o autoridades responsables”.

Lamentablemente, muchos de estos artículos no han surtido efecto ni se han llevado acabo, y es por esto que todavía hoy en día los palestinos siguen siendo refugiados sin esa fecha tan deseada y que crea tanta nostalgia: el retorno.
Los derechos de los refugiados son irrevocables: derecho a asilo, educación, alimentación, vivienda y ayuda sanitaria. No obstante, muchos de éstos no gozan de los privilegios establecidos en la Convención de Refugiados de 1951. Los palestinos expatriados que viven en Líbano por ejemplo, no pueden acceder al sistema sanitario, pueden poseer propiedades, pero deben solicitar un permiso si desean dejar su campamento. El interminable éxodo continúa con los palestinos provenientes de la guerra de Siria. La doble odisea les hace pagar una cuota (por insignificante que pueda parecer) para poder entrar en un país que les desprecia y culpa de la última guerra libanesa. Debemos entender que todos los refugiados llegados de Siria, provienen de una guerra de dos años que ha acabado con todos sus ahorros sin trabajo, su lucha por la supervivencia y que ahora no tienen nada. En Irak y Turquía no pueden recibir ayuda porque no hay agencias de las UN que les cubra, en Jordania sin identificación siria son devueltos a la guerra y en Egipto luchan por recibir el mismo trato que los exiliados sirios.
P
or otro lado tenemos a los desplazados internos. En su gran mayoría, suelen huir por los mismos motivos que los refugiados, aunque éstos siguen protegidos por sus gobiernos (siendo a veces éste mismo el motivo de su huida) ya que no abandonan su país de procedencia. Conservan todos sus derechos, pero no siendo refugiados y permaneciendo dentro de las fronteras de su país, no existen ninguna agencia que se ocupe de ellos. Esta situación incrementa el peligro más que la huida, debido que a veces los rebeldes y otras fuerzas del desorden atacan a los desplazados, donde mujeres y niños son los más vulnerables a la violencia, incluyendo violencia sexual y malnutrición.

ACNUR ha ampliado su mandato para proteger algunas poblaciones de desplazados internos, ya que solo cuentan con la ayuda de algunas organizaciones no gubernamentales locales y la ayuda humanitaria internacional. Se estima que el número de desplazados internos en el mundo asciende a los 32,4 millones de personas, donde la mitad de ellos provienen de Colombia, Iraq y Sudán. Otrosí, la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas determinó como apátrida a “toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación.” Es decir, cuando un Estado que ha desaparecido y no se ha creado otro en su lugar, cuando pertenecen a una minoría étnica y el gobierno se niega a darles la nacionalidad o cuando viven en territorios disputados por más de un país, se convierten en parte de uno de los colectivos más marginados del mundo. Esto acarrea un problema legal, debido a que sin una nacionalidad se ven desprotegidos ante la ley, sin derecho a los recursos básicos que todo ciudadano tiene como el acceso a la sanidad, educación, etc. No se aplicará a aquellos que estén bajo la protección de un organismo de las Naciones Unidas. Bajo este estatuto, los estados contratantes donde se encuentren éstos, les otorgarán al menos libertad en la práctica de la religión e instrucción religiosa de sus hijos. Un dato escalofriante: existen 12 millones en el mundo, a veces poblaciones invisibles imposibles de identificar. Una vez más los niños son los mayores afectados ya que naciendo de padres apátridas no pueden obtener la nacionalidad del país de nacimiento, lo que quiere decir que generación tras generación vivirán como apátridas sin posibilidad alguna de cambiar este fatídico estado.

Cierto es que sin la ayuda de las agencias y las organizaciones no gubernamentales que ayudan a los refugiados cada día, éstos no podrían sobrevivir. Pero analicemos algo, y es que estas agencias perpetúan la imagen de los refugiados, dejándoles como refugiados de por vida, ya que su estatus no cambia. A parte de todas las trabas que deben sobrepasar y sufrir durante su escapada al exilio, su sufrimiento no acaba aquí, y es que muchos estudios hablan de los efectos económicos, emocionales y psicológicos que afectan a todas estas personas desarraigadas de sus tierras.

Los refugiados no sufren torturas como los presos de guerra, pero sufren otros martirios tan duros como esos. Muchos han perdido seres queridos en guerras o han presenciado su muerte, han visto morir gente de hambre o se han visto envuelto en ataques, donde han llegado a sufrir discapacidades físicas. Los niños que crecen envueltos en guerras y revoluciones son un blanco fácil para que en futuro se vuelvan radicales y deseen venganza. Los seres humanos somos lo que vivimos. Si un niño vive con seguridad, aprende a tener fe; si crece con aceptación y amistad, aprende a amar al mundo; si vive con tolerancia, aprende a ser paciente; si crece con la crítica, aprende a condenar; si vive en un mundo hostil, a pelear.

Si no enseñamos a los niños los principios básicos de amar y ser amado, ¿cómo pretendemos que un niño que crece huyendo de la ira y luchando por sobrevivir vaya el día de mañana a amar al mundo por amor al arte? ¿Acaso el mundo se preocupó por él mientras le daban una pistola y le obligaban a matar? ¿Por qué las personas van a ser empáticas si cuando nos necesitan les damos la espalda?
El siglo XX destaca por haber creado la mayor tragedia de nuestros tiempos, pero el siglo XXI de haber heredado ésta plaga vergonzosa. La historia está para aprender de los errores cometidos en el pasado, pero parece ser, que aún no hemos aprendido esta lección. Debemos ser conscientes y no olvidar algo: hoy son ellos, mañana podemos ser nosotros.

This article was published on June 20th: World Refugee Day in Global Education Magazine.

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