Salud para la Educación

La definición de salud se refiere a un estado en el que el organismo ejerce normalmente todas sus funciones. Es por este motivo por el que venimos a pedir salud, si, pero Salud para la Educación. El diagnóstico actual de la educación es enfermizo y, lo que es más duro, crónico. Las funciones principales que se le atribuyen de preparación para los futuros ciudadanos y de facilitar una cohesión social para lograr un desarrollo armónico de la humanidad se encuentran tremendamente debilitadas debido a los malos hábitos que ha adquirido.
Los síntomas que presenta son estremecedores. Incongruencia endémica entre los supuestos teóricos de democracia dentro del organismo y su práctica cotidiana de imposición a los principales protagonistas de la educación. Depresión en los integrantes de la institución, unos por aburrimiento después de años sin encontrar aprendizajes que les apasionen y los otros abatidos por un sentimiento de esterilidad en su cometido de enseñar. La lista de trastornos y dolencias es muy larga entre ellas, una muy extendida y dañina, las fobias. Fobias perpetuadas hasta convertirse en pandemias como las inmiscuidas por la segregación sexual en las aulas o los miedos al desconocido por ese exceso de etnocentrismo, desde el nacional hasta el local, tan presente dentro de las aulas y, particularmente, en el interior de los libros de texto.
A los actuales sistemas educativos también les ha sido inoculado el virus de la competitividad. Una bacteria muy nociva para la sociedad ya que convierte a sus hermanos en enemigos con los que pugnar por alcanzar la meta soñada, cueste lo que cueste. La competencia implantada arremete contra el humanismo, imponiendo valores excesivamente individualistas y donde el resultado es el principal objetivo, olvidando la importancia de los procesos y las sinergias. Es la competición del todo vale, donde la palabra pierde valor y las relaciones sociales se establecen en base a intereses personales. La competición se convierte en un trastorno que devora al propio ser humano.
Cuando el organismo no funciona y la enfermedad empieza a apoderarse de él, es necesario iniciar un tratamiento que sane, ya que si no, podría hacerse fuerte la enfermedad y convertirse en la cotidianidad. No hay un método preciso para cada enfermedad. Este ha de concretarse al analizar al paciente y emprender un diálogo que ofrezca los posibles tratamientos para su recuperación. Un debate entre todos los participantes del proceso educativo debe llevar a una reformulación coherente y armónica de la organización y las finalidades pedagógicas. Los pacientes tienen que sentirse parte importante, puesto que en toda enfermedad este factor psicológico inyecta grandes dosis de motivación para la superación de las adversidades. El establecimiento de relaciones horizontales basadas en la confianza, el crecimiento y el amor son fundamentales para adquirir un estado saludable que nos permita avanzar sin sufrimientos. Y por ello hemos de luchar cada día.
Una educación enferma contagia a la sociedad ya que en ella son formados los futuros ciudadanos. Hagamos imperativo que la educación pida cita para comenzar con su cura. El progreso humano parte de su educación y por ello desde Global Education Magazine pedimos ¡Salud para la Educación!

José María Barroso Tristán
Secretario de Alternativas Educativas
This article was published on April7th: World Health Day in Global Education Magazine.

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