Los Fundamentos Astrobiológicos de la Humanidad: el Origen de la Consciencia Cosmoderna

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Una bomba atómica de uranio (Little Boy) fue lanzada en Hiroshima el 6 de Agosto de 1945. Javier Collado participó en las celebraciones pacíficas del 69º aniversario.

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Es apremiante desarrollar el entendimiento, las habilidades y los valores para cooperar en la resolución de los conflictos bélicos todavía presentes en el siglo XXI. No hay fronteras políticas para los efectos del medio ambiente degradado ni para los microorganismos patógenos. Somos ciudadanos del mundo dispuestos a afrontar los retos actuales desde nuevos paradigmas civilizatorios. Por este motivo, la educación para la ciudadanía mundial promovida por la UNESCO en la agenda post-2015 debe contextualizarse multidimensionalmente: desde una perspectiva transnacional, transcultural, transpolítica, transreligiosa y transdisciplinar que tenga en cuenta los diferentes niveles de Realidad.

Reconocer la plasticidad compleja de la Realidad transdisciplinar nos permite comprender que somos parte de una Realidad que cambia con nuestros pensamientos, sentimientos y acciones. Esto significa que somos totalmente responsables de la estructura de la Realidad. En esos términos, el género humano está ante el mayor desafío ético y humanista al que haya podido enfrentarse jamás durante toda la historia de su propia existencia. No existen rincones en el mundo donde la revolución de las telecomunicaciones no haya conseguido llegar para arrojar las vergonzosas situaciones de guerra, violencia y desigualdad que asolan la faz de la Tierra en los albores del siglo XXI. Todo el hábitat terrenal es conocedor de tan bochornosa y paupérrima situación. El conocimiento nos hace responsables. La responsabilidad y el compromiso ético son, inexorablemente, universales. 

Se hace necesaria una reformulación planetaria y multidimensional de la ética. Una nueva ética basada en el equilibrio del conocimiento interior-espiritual y exterior-material de las personas. Por tanto, el compromiso ético contemporáneo y futuro de la sociedad-mundo es, sin duda, promover una consciencia de unidad con toda forma de vida, ya que una consciencia ecológica es, al mismo tiempo, una consciencia espiritual. En ese nivel profundo de la Realidad, la ecología se funde con la espiritualidad, pues la experiencia de estar conectado con toda la naturaleza y el universo es la propia esencia de la espiritualidad. En nuestro código genético humano puede leerse que somos tan ancestrales como el propio universo. Cada célula de nuestro cuerpo alberga las vibraciones energéticas reminiscentes del Big-Bang. 

Si deseamos asegurar un futuro sostenible, debemos esforzarnos en comprender los aspectos multidimensionales que constituyen a la humanidad. En este sentido, la consciencia cosmoderna derivada de la visión transdisciplinar reconoce las interrelaciones, la interconectividad y la indivisibilidad del sistema cósmico en todas sus dimensiones: desde las partículas cuánticas hasta las galaxias más distantes. Las partículas atómicas que componen astrobiológicamente a la especie humana no entienden de ideologías materialistas, dogmas religiosos, nacionalismos, ni de avaricia económica alguna. Por este motivo, el proceso de salvaguardar a la humanidad de conflictos bélicos y violentos requiere la emergencia del paradigma cosmoderno. Un nuevo paradigma que abandona las estructuras lineales y unidimensionales de pensamiento y que comprende toda forma de vida como una extensa matriz cósmica de fenómenos energéticos en constante movimiento, donde se produce diferenciación, diversidad y contradicción en los diferentes niveles ontológicos de la Realidad.

De este modo, estimados lectores y lectoras, les invito a reflexionar seriamente sobre la futura evolución humana en la Tierra, inserida en esta dinámica cósmica, para comenzar a irradiar una energía interior que nos posibilite la creación de nuevos caminos pacíficos y autopoiéticos en el caos cuántico que compone toda forma de vida. Una evolución futura de la existencia humana que cobra sentido cuando miramos a los ojos a nuestros hijos y nietos, pues nos dotan de la energía más fuerte existente en la naturaleza: el AMOR. ¿Y no es esta el arma más poderosa para promover una cultura de paz en defensa de los derechos humanos capaz de conseguir un desarrollo sostenible?

Javier Collado Ruano 

Director de Edición

This article was published on 21stSeptember International Day of Peace, in Global Education Magazine.

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